Pincelada rosa, entre vistas

jueves, 28 de enero de 2010

Escape



Quiero refugiarme
en el bosque de tu pecho,
ocultarme de la soledad
que inhalo.
Quiero perderme
en tu sonrisa;
aunque muera
más tarde.

Beatriz Giovanna Ramírez

miércoles, 27 de enero de 2010

Una hoja

Una hoja
llena
de luces
y de estrellas
descubrí
mientras
leía.
Un bosque
blanco
lleno
de flores,
un brillo
impreso
de ternura.
Sonidos
silenciosos
que iluminan
y abren pasos
a un nuevo mundo.
Leo tu voz
y me refugio.
Escucho
mi voz
y te encuentro.
Anhelo
despertarme
en tu fino trazo
lleno de letras.
En el lugar
donde se escriben
las más dulces
cartas de amor
que llevan
nuestros

nombres.





© Beatríz Giovanna Ramírez

martes, 26 de enero de 2010

Un vals




Me pintaré las uñas de rojo
y bailaré contigo un vals de muerte.
Me pintaré una sonrisa de escarlata
y te besaré al son de la música.
Inquieto ser de vocales, no examines tanto mi mirada,
que traigo dibujada en ella mil palabras que te pesan,
cien reflejos de calmas y tempestades
del cielo tembloroso y pálido.

Me atrapan las palabras,
soy el cadáver de ésta telaraña de ilusiones.
Cenizas y restos, palabras y más palabras, miradas y sonidos.
El vals suena y no te apartas de mis niñas.
Benditas sean tus rosas viejas y marchitas,
porque soy el capullo que florece en tus palmas. 

En el recinto, una hoja de árbol media nuestro encuentro.
Danzarín impaciente, déjate llevar por mis pasos,
y te enseñaré el jardín de las delicias en otro cuadro.
Los olores me desunen
y no hay alianza que me desuna en este vals de muerte.

Signos de dudas te visten.
Deja que las sumas de mis lenguajes te den las respuestas.
Deja que mis poros se dilaten y te inhalen,
deja que mis pupilas te recorran y te descubran,
deja que sea mi piel en esta danza sombría quien dance con la tuya. 

Agua de vida, si hablar pudieras,
contarías lo que mis palabras no alcanzan,
descifrarías con tus llamas los que de amor se mueren. 

Danzarín impasible, libera tu angustia
y entrégate a mis tallos vaporosos sin recuerdos. 
Vida ruidosa, que nos dejas sin lengua. 
Deja que todo pase, que cuando pasa llega la calma.
Deja que la calma nos invada para que despierte en nosotros
el que duerme en silencio. 

© Beatríz Giovanna Ramírez



lunes, 25 de enero de 2010

Plenitud musical.


“Yo aprendía contigo lenguajes paralelos; el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía”. Tu más profunda piel, Julio Cortázar.

Máquina roja, avanza en el asfalto, que voy ávida al encuentro con el hidalgo del bosque ceniciento. Los latidos se aceleran con el guiño del tictac traidor. Mi esperanza crece, con el rostro conocido, cercano al nacimiento de una fuente alegórica y sus ojos circundantes me revelan los míos, en palabras condensadas en un sinnúmero de casillas minimalistas.
Mi oído seducido, renueva la envoltura de mi frente. Tu voz construye en mis membranas una matriz.
Las palabras vienen y van como descargas.
Las palomas espían y se burlan de la historia y se hacen en ella.
Recorremos el bosque y atrapamos en los bolsillos los intentos de vuelo.
Caminamos en el museo, en el estante, en el librero y lentamente somos atrapados en el baile del molino de la Galette, nos rodean bailarines sordos, oberturas y sinfonías inarmónicas; sonidos cambiantes que nos transforman en instrumentos y eres violín y saxofón y soy piano y guitarra; y componemos melodías de más de un decenio, en un cubo de madera.
En mi transformación de piano a guitarra,  me vestí de azul para danzar en tu pecho y te aferraste a mi talle, para dejarte llevar del sonido de mis cuerdas musicales.  Y fuiste alma y fuiste ojos y fui palabra y fui imagen. Y fui la boca que besaste y fui. Y así, te encontraste con mis brazos danzantes y juguetones. Y fuimos preámbulo de una danza inmortal.
Lentamente, se acercó un intruso con los dedos perfumados de tabaco, con tres instrucciones a seguir, la primera para subir una escalera, la segunda para tener miedo, la tercera para llorar.
Praxis,  fue nuestro nombre.
El pie y el pie, fueron atentos y empíricos, tanto que subieron cuatro y bajaron dos, obviando la advertencia de no levantarse el pie y el pie al mismo tiempo. Sin embargo, orgullosos de la impertinencia, crearon las instrucciones para bajar una escalera.
Se reunieron tres histriones, a hablar de espacios y fueron justos en la dilatación de sus quimeras, y nos separamos de sus tablas, llevándonos el nombre del arcángel, afanosos de remembrar  el olor de las guayabas. Las bocas se acercaron con terneza y la piel cubierta de miedo cumpliendo la instrucción, los danzantes amantes de Renoir, buscaron nuevamente el sonido, el polvo cósmico.
La música nos envuelve en su telar y los ojos que circulan el ambiente gris, me hacen niña y a ti te hacen hecho, mis ojos se liberan y caen palabras saladas del arco iris que te enamora y eres razón y prudencia y soy egoísmo y melancolía.   Y absorbes mi llanto y compruebas la instrucción y el ejemplo. Y me amas y me amas.
Pasaron veinte años y los amantes se miran largamente y los rodean cientos de hijos y la voz del hidalgo es universal y los ojos de su amada lo acompañan en la muchedumbre  expectante.


Beatriz Giovanna Ramírez 

viernes, 22 de enero de 2010

Bandeja de entrada


Había mirado infinidad de veces el correo electrónico, ansiosa por recibir un mensaje de él. Justo la vez siguiente a la infinita, lo recibió. Nadie lo leyó.

Beatríz Giovanna Ramírez

jueves, 21 de enero de 2010

La niña y el profesor


Al profesor de dibujo no le gustaban sus pinturas, con un “no apto”  dejaba su huella en la hoja; así que la niña comprendió que el profesor era “no apto” para comprender su arte.


Beatríz Giovanna Ramírez 

miércoles, 20 de enero de 2010

lunes, 18 de enero de 2010

Decisiones


Muchos meses después de no besarse, decidieron seguir durmiendo en la misma cama. No habían perdido la esperanza de besarse algún día.

Beatriz Giovanna Ramírez

viernes, 15 de enero de 2010

El salvador

La sombra del árbol dibuja sus alas,
su ancho pecho delicado cantor,
su fuerte pico lleno de sueños,
su pluma sencilla llenita de amor.

Se coló por la ventana el pajarito.
Voló..., voló..., voló..., por el salón,
suavemente se posó sobre el sillón,
un armónico canto inundó su corazón.

El viejo piano se alegró de escuchar al jilguero.
Los robles del jardín abrazaron sus nidos.
El sol estiró sus rayos para oírlo.
Cantó..., cantó..., cantó..., el salvador.


© Beatriz Giovanna Ramírez

jueves, 14 de enero de 2010

Mente y mano

Mente y mano.
Imagen y hueso.
Te deseo como sólo se desean los amantes que no se tienen.
Me ducho y me acaricio como haciendo un inventario de mis bienes.
Me necesitas, ya lo sabes, y no has probado mis besos.
Yo te necesito más...
Te necesito en mi día con montañas blancas.
Te quiero en mi noche con senos marchitos.
Mente y mano.
Interacción mágica la del universo.
Ilusión dantesca vernos en este infierno.
Te amo con pasión loca,
con una mirada lúbrica que quiere cuerpo,
quejido y gemido,
sudor y palpitación,
estremecimiento y besos.
Sólo hay silencio, agua caliente.
Mente y mano. 

© Beatriz Giovanna Ramírez



miércoles, 13 de enero de 2010

El ama de casa

¿El ama de casa,
ama la casa?
No ama la casa,
el ama de casa.
La casa no ama.
El ama de casa,
ama en la casa.
El ama de casa,
no ama la casa.
El ama de casa,
se va de la casa.


Beatriz Giovanna Ramírez 

martes, 12 de enero de 2010

El pescador y yo









Eres de los países bajos,
de un  lugar donde cedió el mar,
donde la lluvia llora tristes reflejos
y el gris del cielo suele brillar,
en un barco pesquero
entre cantos de sirena
el mar te arrulla
con sus nocturnas aves,  
vela encendida, mirada en la mar,
gotita de sol, fuente y cuchillo.
Eres cebolla, sopa caliente, pescado y pan.
Tus manos fuertes acarician la malla,
mis manos en madreselvas buscan tomillo,
arenques ya pescados entre agua y sal,
pirata enfurecido que sólo sabe callar.
Cuidado por deidades, vas navegando 
en la mar, sin tener miedo ni al miedo,
y triste en mi casa siembro pepinos
esperando al sol y al tulipán.

© Beatriz Giovanna Ramírez 

lunes, 11 de enero de 2010

Cada vez...


Cada vez que besaba tu boca,
se liberaba la dorada oca
ágil,  feliz con mi latir.
Escuchaba los pájaros dormir,
el largo sueño del vivir,
las hojas del abeto no paraban de rugir.
Cada vez que tocaba tus labios,
acariciaba mil geranios.
Cada vez que besaba tu boca,
los dolores del mundo deje de sentir.

© Beatriz Giovanna Ramírez

jueves, 7 de enero de 2010

Mi vestido

Me gusta el vestido de la vitrina,
no me gusta su precio,
pero me gusta el vestido.

Me pruebo el vestido.
Me gusta el vestido.

Me miro al espejo.
Me gusta el vestido.

¿Te gusta mi vestido?
pregunto al hombre de sandalias con calcetines.
Responde con un gesto extraño que ignoro.

¡Me gusta el vestido!

Busco dinero en mi bolso.
¡Este vestido es mío!
Sonrío.

Una bolsa de papel tiene mi vestido.
La tomo y soy feliz con mi vestido.

El hombre de sandalias no dice nada.
Camino, él camina.
Mi vestido necesita complementos, pienso.

El hombre de sandalias camina,
 yo camino.

Busco en las tiendas. Miro vitrinas.
No dice nada mi acompañante.

¡Mi vestido!
 me gusta mi vestido.

Me desnudo en la noche
a mi lado el hombre sin sandalias
me dice
me gusta verte sin vestido. 

Beatriz Giovanna Ramírez

miércoles, 6 de enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

Vicio



Café cargado, envenenas mi lengua
dejándola sin rastro de sabor y suerte.
Cigarrillo prendido, exterminas
lentamente mis respiros.
Goma dulce en su inicio,
amenazas con la putrefacción de mi boca...
Chocolate sin final, empalagas mi lenguaje intrínseco.
Licor que embriagas mi vida con más de un quejido de amor.
Camino sin retorno al edén, adición sin reparación u olvido.

© Beatriz Giovanna Ramírez
1996

lunes, 4 de enero de 2010

Las tres templanzas

Dios quiera que mi amor por ti no me haga también morir
Giovanni Boccaccio
Todo es poesía, rima, sonido y huella que florece y remueve toda impresión que habita mi ser.
En esta mañana, me visitan muchos espectros que hacen cambiar el color de mis ojos.
La voz que arranca la escarcha, me pinta con su pelo de marta otra imagen que no siento y no vivo. Pero es tal su convencimiento, que hace que me disfrace como en un juego de mininos.
En la plaza de los hombres más fríos, la gitana nos escarba como buscando posibles clientes, pero a su mirada sombría le huyen mis ojos que de todo se impresionan. 
Mágicamente reviví esta mañana después del baño, la mujer de los augurios pronosticó que si no me colocaba la ropa interior al revés, pasaría un mal día y no tendría suerte.  Como una gran ruleta, no sé ni siquiera qué es la suertepero su advertencia fue tan severa que tomé sus palabras linealmente.  Cuando cruce la puerta, me reí de mis bragas, pero me tranquilicé porque no correría peligro en esta gran ciudad de mis amores, me acompañaría la suerte y la esperanza. 
Convencido de mi disfraz, trata  de despellejar mi rostro y sacarme a empellones sonrisas, parecía un cruel domador que látiga las fieras para hacer reír al vinagre. Pero cansada de su nombre que tiene tanto de miel y amargo, me propuse a respirar en su hombro, revelarle mis ojos y leerle una flor.
Con la lectura de la flor su látigo se ablando, cambio el domador y pude desprenderme del disfraz impuesto. Busqué sus labios en la tarde y lo arrastré por la estación al rectángulo encendido circundado con sombras que evaporan los deseos.
En mi mente hay muchas voces templadas y telescópicas…
 A su derecha traté de hablarle, de los diez espejos, las cinco vocales  y revelarle una a una las consonantes de mi nombre.
No comprendí, que el lenguaje esconde otros lenguajes, que mis palabras no eran claras y precisas…
Cómo tantas veces, entre lo que siento y proyecto hay un abismo desafortunado…
Nos transformamos en bestias insensatas en la niebla que desdibuja los rostros y lentamente, en el cuadrilátero, sumisas estaban las fieras,  ocultando el rugido de sus tripas, esperando un sólo un paso, para poder lanzarse a su presa.
La impaciencia los acorrala más que el frío, no hay palabra que los cruce y los haga hombres.
A la orilla del rectángulo, se esconden muchos quejidos, sólo se siente una ley absurda “quien parpadee pierde”.
Se miran sin mirarse.
Matar o morir es amar, se lee en el dintel.
Se escucha en el ambiente como el deseo es más fuerte que la voz y como la urgencia se disipa por el abandono. 
La escarcha, cubre la piel de la fiera, su sangre está caliente y no lo sabe quien la ve.
Qué abismo tan desalentador y frío, producen dos que se quieren devorar.
Las manchas huyen serenas como vapor.
Se marchitan las manchas sin el brillo del sol.
Pobres son las sospechas que los inunda a chorros, que los llenan de alfileres y vacíos.
Una mano afilada se niega a volver a sentir las heridas que la dejaron sin dedos y ojos.
Se latigan los cuerpos con las caricias que no llegan.
Se látiga el alma en espera por la mano que no la alcanza y que jamás la verá.
La voz que arranca los pétalos de hielo, se dispone a llenar la flor de más hielo, los remolinos de su cabeza soplan con fuerza huracanada dejando el tallo, el amor, la esperanza,  sin color.
¡Todo era cierto! La esperanza ya lejos hace enderezar el triangulo rojo. La  suerte no ha existido y jamás existirá.
Reviso su mirada vacía y llena de agujeros negros. Me río de mi suerte y suspiro por este aire impregnado de tanta pragmática.

© Beatriz Giovanna Ramírez


domingo, 3 de enero de 2010

Encuentro





te encontrara
algún día
perdería mi silencio

me dejaría invadir
por el lenguaje
de tus ojos.


Beatriz Giovanna Ramírez

sábado, 2 de enero de 2010

La pluma habló




Te besaré en esta noche de lluvia.
Te besaré en la puerta del verbo.
Te besaré.
Te besaré.

Sentirás mis besos a lo lejos.
Sentirás mis labios al dormir.
Y yo, aquí escribiendo en silencio.
Te besaré.
Te besaré.

No tengo otro pensamiento.
Sólo mi pluma lo dirá:
Te besé…
Te besé… 


Beatriz Giovanna Ramírez