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miércoles, 3 de agosto de 2011

Perro olmo hueso


Perro olmo hueso
como un perro que busca de tu mano la caricia
como el sueño utópico del olmo busco el fruto
con las piernas que tiemblan 
camino sin vaivenes
perro olmo hueso
tu caricia reposa en otro lomo
el sueño del olmo está muy verde
escribo, el fruto se verá en el aire
los huesos vivirán para siempre
la caricia, volará de tu mano hasta otra mano
mi mano se hundirá en el pelo de un árbol
siendo perro olmo hueso.

Beatriz Giovanna Ramírez

sábado, 28 de agosto de 2010

Las piedras del arrepentimiento


La mujer se llenó los bolsillos con piedras  para recordar las veces que se había arrepentido de cruzar el océano.
Beatriz Giovanna Ramírez

miércoles, 3 de febrero de 2010

Mi almohada


Duermo conmigo y abrazo mi almohada. Me estoy recordando. Me estoy diciendo que ya no te amo. Te amé un día en junio cuando me llevaste  a bailar tango, cuando me regalabas libros y flores. Te amé cuando me besabas con pasión, cuando llegaste a mi vida vacía y la llenabas con palabras nuevas. Te amé con diccionario en brazo. Con asombro y dicha. Te amé cuando  me besabas y me besabas tanto que hasta sin tener tu boca cerca la sentía. Te amé desenfrenadamente cuando bajaste y me llenaste de orgasmos. Te amé cuando negabas tu vida y afirmabas la mía. Te amé porque te amaba tanto que hasta yo misma lo sentía. Ya no te amo, te quiero, te asumo, podría seguir viviendo cada noche a tu lado abrazando mi almohada como siempre. Respirando tu ausencia. Me estoy acordando ahora de mi sueño de escribir y escribir. Te veo en la otra orilla, lejos de mi. Me siento sola, muy sola, aunque sé que aunque te lo he gritado y te molesta ya ni siquiera quiero volver a decirlo. Abrazo más fuerte mi almohada y lloro. Lloro como lloran los que lloran, con lágrimas. Sigues dormido lejos y yo solitaria llorando de desamor.


Beatriz Giovanna Ramírez 

jueves, 28 de enero de 2010

Escape



Quiero refugiarme
en el bosque de tu pecho,
ocultarme de la soledad
que inhalo.
Quiero perderme
en tu sonrisa;
aunque muera
más tarde.

Beatriz Giovanna Ramírez

lunes, 25 de enero de 2010

Plenitud musical.


“Yo aprendía contigo lenguajes paralelos; el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía”. Tu más profunda piel, Julio Cortázar.

Máquina roja, avanza en el asfalto, que voy ávida al encuentro con el hidalgo del bosque ceniciento. Los latidos se aceleran con el guiño del tictac traidor. Mi esperanza crece, con el rostro conocido, cercano al nacimiento de una fuente alegórica y sus ojos circundantes me revelan los míos, en palabras condensadas en un sinnúmero de casillas minimalistas.
Mi oído seducido, renueva la envoltura de mi frente. Tu voz construye en mis membranas una matriz.
Las palabras vienen y van como descargas.
Las palomas espían y se burlan de la historia y se hacen en ella.
Recorremos el bosque y atrapamos en los bolsillos los intentos de vuelo.
Caminamos en el museo, en el estante, en el librero y lentamente somos atrapados en el baile del molino de la Galette, nos rodean bailarines sordos, oberturas y sinfonías inarmónicas; sonidos cambiantes que nos transforman en instrumentos y eres violín y saxofón y soy piano y guitarra; y componemos melodías de más de un decenio, en un cubo de madera.
En mi transformación de piano a guitarra,  me vestí de azul para danzar en tu pecho y te aferraste a mi talle, para dejarte llevar del sonido de mis cuerdas musicales.  Y fuiste alma y fuiste ojos y fui palabra y fui imagen. Y fui la boca que besaste y fui. Y así, te encontraste con mis brazos danzantes y juguetones. Y fuimos preámbulo de una danza inmortal.
Lentamente, se acercó un intruso con los dedos perfumados de tabaco, con tres instrucciones a seguir, la primera para subir una escalera, la segunda para tener miedo, la tercera para llorar.
Praxis,  fue nuestro nombre.
El pie y el pie, fueron atentos y empíricos, tanto que subieron cuatro y bajaron dos, obviando la advertencia de no levantarse el pie y el pie al mismo tiempo. Sin embargo, orgullosos de la impertinencia, crearon las instrucciones para bajar una escalera.
Se reunieron tres histriones, a hablar de espacios y fueron justos en la dilatación de sus quimeras, y nos separamos de sus tablas, llevándonos el nombre del arcángel, afanosos de remembrar  el olor de las guayabas. Las bocas se acercaron con terneza y la piel cubierta de miedo cumpliendo la instrucción, los danzantes amantes de Renoir, buscaron nuevamente el sonido, el polvo cósmico.
La música nos envuelve en su telar y los ojos que circulan el ambiente gris, me hacen niña y a ti te hacen hecho, mis ojos se liberan y caen palabras saladas del arco iris que te enamora y eres razón y prudencia y soy egoísmo y melancolía.   Y absorbes mi llanto y compruebas la instrucción y el ejemplo. Y me amas y me amas.
Pasaron veinte años y los amantes se miran largamente y los rodean cientos de hijos y la voz del hidalgo es universal y los ojos de su amada lo acompañan en la muchedumbre  expectante.


Beatriz Giovanna Ramírez 

martes, 12 de enero de 2010

El pescador y yo









Eres de los países bajos,
de un  lugar donde cedió el mar,
donde la lluvia llora tristes reflejos
y el gris del cielo suele brillar,
en un barco pesquero
entre cantos de sirena
el mar te arrulla
con sus nocturnas aves,  
vela encendida, mirada en la mar,
gotita de sol, fuente y cuchillo.
Eres cebolla, sopa caliente, pescado y pan.
Tus manos fuertes acarician la malla,
mis manos en madreselvas buscan tomillo,
arenques ya pescados entre agua y sal,
pirata enfurecido que sólo sabe callar.
Cuidado por deidades, vas navegando 
en la mar, sin tener miedo ni al miedo,
y triste en mi casa siembro pepinos
esperando al sol y al tulipán.

© Beatriz Giovanna Ramírez 

jueves, 24 de diciembre de 2009

Mi árbol de luna



MI
                                                           ÁRBOL  
                                                        DE   LUNA

                                                     Me voy a mi casa
                                                 que arrincona un árbol
                                           cementado, arbolito que en su
                                         fotosíntesis  me trasmite un  cáncer
                                                        despiadado.
                                              Camino positiva en medio
                                          de las grietas del andén, señales,
                                     bolardos, cebras, semáforos, todo un
                                    bestial predicativo que  me transforma
                                                          en peatón.
                                       Música, maravilla de la vía, decibeles  
                          de progreso, camino de ilusiones, mañana no será
                                                         el mismo.
                                         Árbol sin ramas, árbol sin vida,
                                 Árbol que refugia serpientes alargadas de
                          aluminio y cobre exterminando con las aves de mi
                  cuadra, árbol que transcribe la hilaridad de la producción
             junto con sus demás especies, árbol que ahora es parte de la luna
           con sus tonos plateados y tenues, árbol que iluminas mi rutina de
                                                    peatón acelerado.
                                                    ¡Ah! Llego a mi
                                                    casa a prender mi
                                                    amado cíclope,
                                                    mi  acaparador
                                                    de tiempo, me
                                                    asomo a la
                                                    ventana de
                                                    barras de metal
                                                    y veo ese Árbol
                                                    de plata que
                                                    extiende mi
                                                   desvelo en esta
                                                   noche de  soles
                                                   de  vatios  y 
                                                   entretenimiento.


Beatriz Giovanna Ramírez

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Palidece la rosa



En la hondura de mis poros,
duermen los hilos de una nube
que dejó de ser aire por la furia de un rayo.
En la profundidad de mi materia,
deja el agua de ser piel,
queda la miel agotada de tanto escuchar los cantos de la luna,
no hay color gris y opaco en su reflejo,
sólo hay ritmos que aceleran el tiempo.
Metal, frío y oscuridad.
Palidece la rosa, palidece su imagen en el arroyo del bosque,
deja su calidez para ser témpano. 
Deja su sol para ser luna.
Vuela el pájaro uniforme con el ala más torpe,
deja la boca que ignora, deja su voz que aplasta. 
A la orilla de mi río, pronuncio tu nombre oculto.
Grito, pero nadie me responde.
Pálido pájaro de voz hueca.
Pálido, mueves mi piso sin lamentos.  


Beatriz Giovanna Ramírez





domingo, 20 de septiembre de 2009

La calle






El sonido de la calle hace eco en mis cuerpos etéreos;
mil pensamientos contraen mi cerebro llevándome a mil  partes, 
mil partes separan mi todo, separan mi nada, 
perturban el silencio enrarecido de mis manos de papel y agua.
¡Ese ruido! 
¡Aquél!
Aquel que distorsiona el entorno de mi cama,
dejándome sola, ya no te siento,
el suelo cruje con mis pasos,
ya no estás, sola estoy.
Mil y un pensamientos toman forma,
tengo miedo, la calle sugiere más miedos,
marionetas de papel cartón atraviesan la casa con su aliento,
endebles muñecas perfumadas de polvo gritan a lo lejos.
No quiero mirarlos, sólo quiero mirarme en mi espejo,
teñir mis labios con un crayón rojo,
acariciar mis ojos de agua, cerrar mis oídos culpables.
Mil murmullos, mil lamentos, mil quejidos,
mil partes más frías y tenebrosas que mis máscaras de niña,
más frías y abominables que el recuerdo insano que se mata.
¡No me mires más!
Ruido perverso que enrareces mi alma de luna,
dejándola sonámbula en el cielo de mi cama.


Beatriz Giovanna Ramírez

viernes, 11 de septiembre de 2009

El silencio de la reina


La mano de la enamorada del viento
acaricia la cara del ausente.
Alejandra Pizarnik

La reina blanca se perfuma y se embellece para el encuentro con el orador de las olas.
En su silencio, se escuchan los amores que la embriagan.
—Bendita sea la poesía que permite que me digas lo que yo quiero oír. Hoy mis oídos excitados se perderán con las imágenes que broten de tu lengua.
La espera la golpea  y le oprime el juicio.
—¿Tantos rostros para qué sí no veo el tuyo?
  Se contagia de tristezas ruidosas que estremecen la garganta. Callada, esconde los gritos y lamentos de una procesión de hambrientos sin mañana. 
—Toda calma se trastorna con la impaciencia de no verte.
En la abertura, cien pasajeros se acercan y se alejan, el navegante no cruza la entrada.
 ¡No estás!
Toda calma se evapora de sus ojos con la amargura de la ausencia.
—Si tu voz llegara se llenarían mis oídos de música, mi boca de esperanzas, mis manos de curiosidades táctiles, mis ojos de dulzura. Si escucharás lo que te dicen mis ojos.
La ausencia dolorosa, hace que la reina alucine.
—Quisiera preguntarle al mudo por ti pero su respuesta no la entendería. Quisiera girar la manecilla del reloj pero mis dedos torpes y frágiles  no lo arreglarían. ¡Qué ausencia tan dolorosa! Tu rostro que todo lo conforta me hace falta en esta casa de papel.
Muñeco de voz y sueños, la has dejado en medio de la risa sorda de marionetas desconocidas sin nombres y sin rostros.
—¿Dónde está la luz que te acompaña en esta mañana fría sin mí?
La reina blanca busca sus formas conocidas, pero la forma amada no está y no llegará. 
—El ambiente enrarecido con tu ausencia hace que mis sentidos se agudicen. ¡Sólo escucho tu voz!  Al menor ruido me proyecto tratando de encontrar los sonidos de tu boca. Mi olfato busca en el aire tu olor y mi lengua se llena de tus sabores, mi piel te extraña y te reclama y ahora sé que no llegarás. Yo te esperaría hasta la aurora de la muerte más lejana. Me embriagaría con tu rostro eternamente.
Su cabeza en tictac continuo la pone en descortesía con un buen libro. Toda sombra que se  acerca, la altera y la llena de vértigos viscerales.
— Tu ausencia me recuerda que nada me pertenece.
Se llena la boca con el nombre esperado para aliviar lentamente su tristeza.
—Sí tan solo llegaras, confirmarías tus sospechas, verías mis ojos enamorados, perdidos y sumergidos en la miel de tu nombre. ¡Si escucharás lo que te dicen mis ojos!       
 La reina contempla los cientos de hombres que la acompañan y se inclinan en el recinto, con tristeza descubre que no tienen ojos ni olor.
Se marcha la reina con la cara del ausente, con los ecos de las palabras que un día sonaron en sus oídos atrofiados. 
—Quizá jamás me habló.


Beatriz Giovanna Ramírez