Pincelada rosa, entre vistas

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Palidece la rosa



En la hondura de mis poros,
duermen los hilos de una nube
que dejó de ser aire por la furia de un rayo.
En la profundidad de mi materia,
deja el agua de ser piel,
queda la miel agotada de tanto escuchar los cantos de la luna,
no hay color gris y opaco en su reflejo,
sólo hay ritmos que aceleran el tiempo.
Metal, frío y oscuridad.
Palidece la rosa, palidece su imagen en el arroyo del bosque,
deja su calidez para ser témpano. 
Deja su sol para ser luna.
Vuela el pájaro uniforme con el ala más torpe,
deja la boca que ignora, deja su voz que aplasta. 
A la orilla de mi río, pronuncio tu nombre oculto.
Grito, pero nadie me responde.
Pálido pájaro de voz hueca.
Pálido, mueves mi piso sin lamentos.  


Beatriz Giovanna Ramírez





miércoles, 4 de noviembre de 2009

Camino ciego

Las Tres Gracias y una Fruta Volando, 2004. Marco Zamudio

Tantas veces habló del camino que seguía...
Hasta que un día lo tomó y se perdió.
Tantas veces soñé entre sus brazos...
 Esa noche llegó a mi vida
 y allí entre susurros y besos,
 me dijo que era su camino,
 su verdad y su vida. 
 Desde entonces me sigue
 y con él, estoy perdida. 


Beatriz Giovanna Ramírez


lunes, 2 de noviembre de 2009

En el Aleph

“… vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph; desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto el objeto conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo…” (El Aleph, Jorge Luis Borges.)
Contémplame en este sol resplandeciente y cálido. Su luz y destello, nos envolverá en el Aleph oculto, en el fondo de algún cuadro de Dalí. El minutero inerte, nos recordará que el tiempo nos pertenece y las nubes con formas de cometa, nos  convencerán de nuestra libertad.
En el lienzo, la pareja se mira largamente y se escucha la voz secreta de Beatriz.
 Bésame en esta pintura indeleble y fantasmal. Bésame con tus niñas que todo lo desean. Bésame con tus palabras que todo lo alcanzan. Bésame con la desesperación que te embarga, bésame con impaciencia y desgarro. Bésame con la fortuna del beso. Bésame, sin miedo, pues es quién me posee y te seduce.   
Déjame mirarte mientras todo pasa. Déjame mirarte con mis ojos sin fondo. Déjame mirarte con mis ojos que contienen todas las palabras. Déjame mirarte, sin pausas, mientras florece mi rostro enamorado en tus esferas cauterizadas de tanto amor.
Dame tu deseo en un abrazo que todo lo provoque. Dame en tu caricia, el arrepentimiento del desvelo, déjame sentir la inmensidad de tus brazos con la simpleza de entregarlo todo. Déjame sentir, cuánto me necesitas, con la urgencia de tu voz. En nosotros las aguas se liberan, mientras de sed morimos. En ti la esperanza se acerca, mientras en mí la esperanza es lejana.
Y el Aleph, los mira en silencio, concibiéndolo todo; y los fantasmas que asechan en el cuadro se alejan sin verlos. El cometa toma formas sin formas y sus bocas se llenan de rosas, vino y jazmín.
Salen colores del cuerpo animoso, salen de los prenses azules un potro encabritado que no ha de salir en la pintura.
Las amorfas nubes, los cubren de frío, los huesos tiemblan, la piel extraña.
La niña inmóvil del lienzo se transporta a otro cuadro en compañía del sol y la pintura se aleja y los reclama y la urgencia los acerca y los deja sin voz.


Beatriz Giovanna Ramírez

viernes, 30 de octubre de 2009

Para cuando no me veas

Alegoría de la soledad. Marco Zamudio

Para cuando no me veas,
recuerda mis palabras,
recuerda como te acechaban mis ojos,
recuerda cómo la música nos unió…
Ahogado en el mar amarillo.
Enredado en una onda inquieta.
Materia delicada,
te compones de ojos y oídos.
Para cuando no me veas,
recuerda, la música nos unió…
Voces y ritmos
nos acercan a la entrada húmeda.
Dulce puerta,
dulce puerta del encuentro.
Para cuando no me veas,
Recuerda cómo la música nos unió…
Sonidos que despiertan el deseo.
Te prendes a mi boca.
Te prendes en un beso.
Te prendes de mi pecho.
Para cuando no me veas,
recuerda cómo la música nos unió…
Fantasmas desfigurados con presente,
la música es propicia para el encuentro,
pero tú no estás presente.
Iconos enmascarados por soles, 
rasgos cansados,
estremecimientos de músculos
y palpitaciones.
Todo nos une,
el lenguaje nos acerca.
Luna creciente,
sol del mediodía.
Para cuando no me veas,
recuerda que te amé.


Beatriz Giovanna Ramírez