Pincelada rosa, entre vistas

jueves, 20 de agosto de 2009

Tú y el vino

Se derrama la tarde
embriagadora y húmeda,
el sol se agita
con sus chispas
orgásmicas,
se siente en su hálito
cómo germina mi piel.
Piel de seda que siente
la ausencia del vino,
piel sedienta de ti,
sed desesperada,
sed mendigante,
sed qué no saciaré
esta tarde sin ti.
Piel que no olvida
piel infatigable
piel que te seduce
piel que te extraña
cuando amanece,
cuando atardece,
cuando anochece.
Brotan por mis poros
potros desenfrenados
que inquietan mi erotismo
desbordando mi pasión;
florece en mi boca
el sabor a vino
que te acompaña.
Tú y el vino
son sinónimos,
dulces y exquisitos;
me embriagas
enamoras y fascinas;
balsámico, seductor
hechizante y tentador.
Bebida de dioses
que ahora es solo mía
en el respiro de tus manos,
en el suspiro de la tarde,
en la mañana de la vida,
en el susurro de los pasos,
y en escapar de la rutina.
Tú y el vino
me embriagan,
me declaro débil y dominada
a tu fragancia,
a tu fulgor, a tu sabor,
tú y el vino
me hacen olvidar el dolor.
Tú y el vino
me duelen
en este atardecer sediento 
sin ti
y sin vino…



Beatriz Giovanna Ramírez

jueves, 13 de agosto de 2009

Miradas

Entre tanto
tu mirada me engaña,
y yo, perdida en tus ojos,
leo un mensaje
de amor
que me llega
y me transporta
a la miel de tus besos,
a la hiel de tu sexo.


Beatriz Giovanna Ramírez

jueves, 6 de agosto de 2009

Sólo vino a llevarse mi túnica



Amanecía y adormilado escuché como alguien se quejaba en la calle. Me asomé receloso a la ventana. Las pandillas de la Perseverancia son bravísimas, era un verdadero riesgo que lo pillaran a uno espiando sus fechorías. Pude ver a una mujer joven gritando desesperada, era raro, estaba sola, nadie se veía por ahí. Así que salí a mirar que le ocurría, pensaba en la posibilidad de que estuviese herida, de raro nada tenia. Cuando abrí la puerta algo en mi desistió pero al escuchar sus lamentos, corrí en el acto a su encuentro.
La mujer estaba semidesnuda, sus senos rebozaban por entre su camisa, su pantalón era una triza, su cabello un solo enredo; sin embargo no tenía cara de callejera, no en su rostro, este me reflejaba un ángel extraviado.
—¿Qué te pasa?— pregunté asustado y prevenido
—Ayúdame— dijo suplicante
—Sigue...
Abrí la verja y seguimos al apartamento. Su rostro cambio, sus labios formaron una luna creciente, y sus ojos dos puntos luminosos me recorrían acechándome. El miedo y el desconcierto se apoderaron de mí.
—¿Te sucedió algo? ¿Te hicieron daño?
— No—respondió con la misma sonrisa...
— ¿Y por qué estás así?
No lo sé...
—Tome colóquese esta bata. Está desnuda— y dicho esto comenzó a desnudarse. Sólo sentí como gustosa observaba mi excitación. El pantalón me delataba y yo hecho mierda no sabia qué hacer, todo mi cuerpo sudaba, temblaba, esa mujer extraña era un manjar delicioso que me apetecía.
— ¿Qué haces? ¡Vístete!
— ¿No te gusto?— me preguntó insinuadora
¡Dios! ¡era hermosa! despeinada y todo pero hermosa. El voto de castidad y pobreza eran muy claros. ¿Yo no podía comerme a esa mujer tan rica —pensaba— pero ¿cómo perder esa oportunidad?
— ¡Vete! ¡Largo de mi casa!— le grité confundido
Ella a pesar de mis gritos, se acostó en mi cama, abriéndose de piernas y enseñándome su entrada.
¡Qué paraíso! Me repugnaba pero me gustaba. Todos mis sentidos me mandaban a responder como un macho. Estaba perdido en mi lujuria. Sus senos eran... redondos y grandes, su cintura, sus caderas formadas y su sexo...
No sé como lo hice me abalancé como un toro y comencé a copular. Ella era fogosa incansable una tigresa salvaje gritaba y se contoneaba exquisita, y yo perdido en sus encantos continuaba fornicando. Duramos horas orgasmo tras orgasmo, todo era luz y sexo.
El sol cayó sobre nuestros cuerpos y agotado por el ajetreo, quise dormir en su regazo. Cuando desperté ya no estaba, recorrí todo el apartamento todo se encontraba en su lugar. Tomé una ducha para despertar de ese sortilegio que envolvía mi cuerpo y mis sentidos. Los días transcurrieron largos y su recuerdo me persiguió como la tierra al sol. Por primera vez mi corazón y sexo se fundían para amar. ¿Pero los votos?... Abrí el cajón del armario donde guardo mis vestiduras, descubrí que faltaba la fúnebre y en lugar de ella estaban sus bragas. Las he tomado y he besado como loco, quizás con mi túnica cubriría su cuerpo. He llorado, he reído y en mis ratos libres busco su rostro por doquier, sólo en lo más secreto de mí mismo hablo con esa inmensa urbe que me oculta dónde esta y paradójicamente me une a ella con su soledad.

Beatriz Giovanna Ramírez

domingo, 26 de julio de 2009

En la red



a Marco Zamudio

El mundo
es minúsculo atrapado
en una red

El mundo
es un gusano enrollado

El mundo
sólo espera...

...LOADING...

El mundo
viaja veloz entre pausas
y los ojos te hablan
y los dedos entre el agua
y un pincel

¿Marco o Judas?

Manos y ojos
Figuras y miradas
Imágenes y palabras

Dulces melodías

Enhebrada
En un pincel
Me uní con un hilo
A tu pintura

Rostros femeninos
Me hablan de tus manos

Dulces manos viajeras

Sin el sonido de tu voz
Te he escuchado
En las noches de grillos
Y de mujeres lunas

Silencios y llantos de estado

El mundo
Atrapado
en una red

Nosotros minúsculos
Nos encontramos
En el universo


Beatriz Giovanna Ramírez

miércoles, 22 de julio de 2009

Guerrero


Vete y llora
cuando puedas.
Sonríe y grita
en los sentidos.
El abismo te llama,
tú te acercas.
Corre entre
el bosque
de tus cenizas.
Persigue el león
que devora
tus sueños
Guerrero sin espada
y dueño
que trata de ocultar el sol...
¿Acaso es su desolación?...
Me disfracé de homicida...
Caminé por la sombra
de tus pasos.
Me olvidé de los lamentos.
No mires mucho el sol.
No te acerques a la luna.
No mires mis ojos
que deambulo perdida
entre mis sombras.
Me miré al espejo,
vi una cara dura,
sin embargo,
sus ojos no eran los míos
su fortaleza era insegura
Caminé entre el bosque
de máquinas andantes
en compañía
de un guerrero de pasos torpes.
Mis maletas
estaban listas
para emprender vuelo
Mis nubes
llenas de sueños
para cobijarme.
Busqué
casi sin esfuerzos
trastornarme y fundirme.
Me encontré sola
frente a mi espejo.
Vi nuevamente
mi rostro
con la luz que me acompaña.
Me embriagué y sonreí.
Me ahogué,
con tu lengua de rosa.
Me peiné,
con tus manos de papel.
Jugué con las cabezas rodantes
que habitaban en el cuadro de Pizarnik.
Me envolví
con el manto de tinta
que trae esta noche
jazmín y terciopelo.
¡Ya no te veo en mi espejo!
¡Adiós guerrero!
Se ha acabado esta lucha farsante
sólo duró una sospecha
de caudales miserables

Beatriz Giovanna Ramírez