Pincelada rosa, entre vistas

lunes, 3 de febrero de 2014

GAMONAL poema de Antonio Arroyo Silva y PODEMOS poema de Beatriz Giovanna Ramírez


GAMONAL
A mi amiga Beatriz Giovanna Ramírez
Con toda la tristeza, hoy regresa la ira.
No queda más remedio que echarse a la calle
y escribirle al cordero que ponga los pecados
a quien le corresponda y no a esta explosión
de humanidad inmensa que inunda Gamonal.
Un puente es algo más que piedras circulares.
Una avenida más que sombras apiñadas
entre los automóviles.
Y, sobre todo, un tú
dicho a tiempo es razón para pasar un puente
o de cortar el tráfico que anega el arco iris.
Si te invito a mi casa, la chimenea enciendo.
Si abro mi despensa y el corazón te sirvo
en bandeja de plata. Si mi hogar es el tuyo.
Si todo lo que puse en tus manos no fue
nada más que un motivo para encender el fuego
de tu usura y me entregas el frío por respuesta.
Entonces,
con ese sinsabor, mi ira es triste faro
como si una luciérnaga brillara entre las sombras.
©Antonio Arroyo Silva.
Poemas de amor y desmemoria, 2014.


PODEMOS
Con toda la tristeza, hoy regresa la ira.
No queda más remedio que echarse a la calle”
(Antonio Arroyo Silva)
A mi amigo Antonio Arroyo Silva
Alguien me dijo que se podía.
Que una escoge si permanece sentada o se levanta.
Una sabe que la aceleración confunde y contamina.
Se intuía que algo iba mal.
El pez grande se cree eterno.
El odio siempre va a más.
El pequeño tiene miedo.
Llega el momento de perderlo.
Ya salir; no da más.
Manifestar lo invisible del pasado.
Ser una de todas y de todos.
Ser fuerza y acción, avanzar,
juntos podemos.
©Beatriz Giovanna Ramírez

viernes, 22 de noviembre de 2013

Las gafas violetas de la Diosa

Serie: 25N. Las Presentes 02/38
Fotografía de Manuel Antonio Velandia Mora
Concentración contra la violencia de Género, Alicante


 A Angie Simonis

Angie, tu nombre lo pronunciaré como quién invoca a la Diosa.
Ésta mañana, la muerte llegó y desordenó mi escritorio, perdí varios versos entre lágrimas.
Nadie me enseñó a reponerme de la muerte, nadie me enseñó a perdonar los engaños de la vida.
En el tiempo descendiste al abismo y ascendiste iracunda pero llena de amor.
Yo vi en tus ojos la verdad de la noche, la sabiduría del mar ardiendo, a la heroína que insiste en visibilizar a las mujeres, a la niña de la bandera del arco iris que levanta la voz ante la desigualdad, el horror y la injusticia. Tú me enseñaste a cambiar el color de la mirada, tenías los ojos abiertos, Amazona libre, desde entonces, llevo puestas unas gafas violetas. Así conocí la grandeza de las flores, las aristas de la historia: Rompen, abren, cierran, desgarran, cosen, tejen, entretejen los espacios... Aquí, los ojos están muy ciegos. En el exilio, en el centavo, en la sangre, en el peso, en la cicatriz, en la peseta, en el ébano, en el céntimo, en la pobreza, en el euro, en los murmullos... En la carretera, sí, en la indiferencia, en las bragas desgarradas de una pobre muchacha, en la rima, en el patriarcado, en los hospitales, en la cruz, en el martirio, en la lactancia, en lo etéreo, en los ecos, en los llantos prolongados, en las horas, en la heroína, en el perdón, en el hierro, en la calle, en los tejados, en las lesbianas, en los camiones, en los homosexuales, en los cementerios, en los cadáveres, en la política, en los pansexuales, en los ambulatorios, en las ciudades, en las mujeres, en las noches sin luna y sin estrellas, con tanta luz extraña, me instalé, poco a poco, en la habitación de Virginia Woolf, para echarme a llorar.
Todo lo que ahora me mueve es un inmenso grito que no alcanza la luz de tu aurora.
Lejos, se diría, estás tan cerca que puedo leerte.
Visitamos en tu máquina del tiempo a todas las mujeres, escuchamos sus cadenas, nos sumergimos en sus luchas desatadas (algunas ganadas). Y era un misterio la fuerza de tu voz, la madera de tus sueños que destruían imposibles. Me siento en llanto, amiga, suena de fondo la música de otoño, no sé, que sopla tu nombre conjurando las hojas. Suspira el dolor en mi pecho, gira y hace piruetas en un tiempo que se detiene y avanza. Todo era verdad, hay que seguir andando, querida madre, amada hermana, ferviente amiga.

Beatriz Giovanna Ramírez

21 de Noviembre de 2013